¿
Por qué hablar de la muerte? Las Danzas Macabras
En los textos finales de “La casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca ocurre el suicidio de la hija menor Adela, que se cuelga, creyendo que su amante Pepe el Romano ha muerto. Bernarda la madre, ante la tragedia consumada exige: ‘¡Silencio! La muerte hay que mirarla cara a cara’.
[1]
No es mi ánimo analizar las motivaciones del personaje, sólo citar la dimensión de la frase para plantear la interrogante
¿Estamos preparados para mirar la muerte cara a cara?
No es más cierto que tratamos permanentemente de darle la espalda.
EEs una certeza demasiado dolorosa e insoportable para el hombre, esta evidencia de su mortalidad, lo que impulsa a evadirse de su presencia, y sólo mirarla obligadamente cuando nos sucede con los cercanos y amados?
Nos resistimos a la aceptación de un hecho natural, interviniéndola con la ciencia para prolongar la enfermedad o la vejez, o rebelándonos ante lo prematuro e injustificado si esta muerte le ocurre a alguien joven. Aún el individuo más racional parece entrar en conmoción ante el evento de sentir la desaparición de alguien cercano afectivamente. La muerte siempre parece tomarnos por sorpresa.Suele ser un tema acotado a lo privado, abordado cuando alguien querido y cercano muere. Es el momento en que todo lo que nos ha movilizado hasta ese instante se detiene, y transidos por el dolor nos enfrentamos con nuestra mayor certeza. Hacemos reflexiones inútiles y patéticas que ya no le sirven al muerto, pero sí a los que asisten a su funeral para comprender que en el tramo de vida que queda, tal vez haya tiempo para modificar miradas y posiciones en el vivir. Pensar y aceptar la muerte sin drama, como un final ineludible del existir merecería un balance. Una revisión del cómo hemos hecho el recorrido por ese sendero que en parte ya se ha develado y que ha constituido nuestra existencia hasta ahora. Hacerlo cuando se está conciente, cuando aún queda valor y lucidez para revisar responsablemente tus deseos y acciones.
La denominación Danzas Macabras encierra ciertas manifestaciones artísticas que se plasmaron en Europa entre los siglos XIV y XV. El artista testigo y víctima, del azote de plagas devastadoras, hace surgir la danza macabra como un ‘memento mori’, un recordatorio de la fragilidad de la vida terrena. Se alude al consuelo de la acción igualadora y justiciera de la muerte, es el terror sublimado en verso que también se expresa con giros de cinismo e ironía.
Gracias a la muerte somos todos iguales ,los protagónicos tienen mayor repercusión y los lloran ruidosamente ,cuesta comprender que alguien exitoso ,con mucho dinero y poder ,con belleza ,rodeado de halagos pueda estar tan muerto como uno que solo es conocido y sentido por los más cercanos.
Es que es la muerte, la mayor justiciera ,la que pone las cosas en su lugar , por algún tiempo ,mientras nos duele.Si la tuviémos presente, como la mayor certeza, de lo que en la vida, no se puede manipular, ni comprar ,y de la cual nadie puede huir, tal vez podríamos actuar mas justos,generosos,bondadosos humildes y considerados.
[1] García Lorca, Federico. “La Casa de Bernarda Alba”. Ed. Castalia. Madrid, España.1983. Pág. 126.
[3] Berman, Marshall. “Todo lo Sólido se Desvanece en el Aire” La experiencia de la modernidad. Siglo XX1 Editores. 1988. Pág. 81.